“Doctor, si le toca elegir entre alguna de las dos, salve por favor a la niña” Esas fueron las últimas palabras de Claudia Patricia en el quirófano, momentos antes de que le practicaran la delicada cesárea.

La felicidad de saber que en su vientre llevaba una nueva vida que llagaría no solo a hacerle compañía a ella sino a su hija mayor, se fue desvaneciendo con el pasar de los meses, pues a Claudia Patricia Rendón, auxiliar de odontología de Comfamiliar Risaralda, le pronosticaron un embarazo riesgoso debido a que padecía de placenta acreta (excesiva adherencia de esta a la pared uterina, lo que causa hemorragia, y puede tener como consecuencia la extracción del útero).

Sin embargo, Claudia nunca desfalleció  y de la mano de su familia, del grupo médico de Comfamiliar Risaralda, pero principalmente de Dios, decidió continuar con su período de gestación con el único objetivo de darle vida a su nuevo amor, Salomé, una princesa hermosa que ya alcanzó los cuatro años de edad.

“El embarazo fue riesgoso porque tuve placenta acreta, entonces en esos casos suele ser muy complicado, a tal punto que la madre y el bebé pueden perder la vida, el peligro de muerte era de las dos porque la espalda de la niña también venía pegada de la placenta. Me acuerdo que le dije al doctor Jaime López, mi ginecólogo y quien se convirtió en el ángel de la guarda, si le toca elegir, por favor salve a mi niña”, indicó Claudia.

Pasaban los meses y el riesgo de complicaciones durante el embarazo aumentaba, a tal punto que la decisión por parte de los especialistas fue realizar una cesárea que disminuiría el riego de fallecimiento.

A un paso de la muerte


“Dos días antes de la cirugía presentí que me iba a morir, me arrepentí de todo lo que quizá no he hecho bien, llamé a mi padre y me despedí, le dije: papá esto está como medio complicado, lo único que le pido es que no me abandone la niña. Mi madre estaba ahí y también me despedí, al igual que de mi hija la mayor porque sentía que algo muy malo me iba a pasar; cuando entré a la sala de cirugía pensé: esta es mi última vez”.

Aquel 7 de agosto, mientras en Colombia se conmemoraban 196 años de la Batalla de Boyacá, Claudia y su pequeña hija luchaban su propia ‘batalla por la vida’ contando con el mejor de los aliados: Dios, quien según la orgullosa madre puso sus manos sobre las de los médicos para que contra todo pronóstico, ambas salieran triunfantes de esta dura prueba que se le presenta solo a los más valientes guerreros.

“Cuando me ingresaron al quirófano, antes de dormirme vi a todo el grupo médico, y más que miedo, en ese momento me llené de mucha confianza al saber que el doctor Jaime López estaba allí conmigo, pues días anteriores me había dicho que sería complicado, pero que haría todo los posible por salvarnos a ambas. Vivo tan agradecida con él que cada que lo veo quisiera correr a abrazarlo”.

El milagro de la vida

La cirugía que se extendió por varias horas fue exitosa y aunque Claudia fue remitida a la Unidad de Cuidados Intensivos, Salomé nació saludable y con mucho amor para dar, ese mismo que profesa por sus abuelos maternos a quienes adora como si fueran sus padres, pues al lado de Vanesa, su hermana mayor, fueron los encargados de cuidarla mientras su mamá continuaba hospitalizada en la Clínica Comfamiliar.

“Desperté como a los 15 días en cuidados intensivos sin saber quién era, ni qué pasaba, solo recuerdo que mi hija la grande estaba al lado mío y me dijo: ‘mamá usted está acá porque tuvo una bebé’, le respondí: yo bebés no tengo, solo la tengo a usted. A Salomé la vine a ver como a los 20 días, me la colocaron al lado y realmente no sentí nada, no sabía qué pasaba. Ya a los 40 días cuando salí de la clínica había asimilado que era mi niña y mi familia me contó todo lo que había pasado”.

 “Toda la vida estaré muy agradecida con el personal  de Comfamiliar Risaralda, siento que hicieron hasta más de lo que debían hacer por mí. Cuando estuve en ese momento tan duro de mi vida toda la parte de odontología, donde yo trabajo,  me ayudó económica y moralmente. En la oficina de la jefe hicieron un altar, allí iban a orar a diario por mí, recogieron fondos para ayudarle a mi hija con los pasajes y para los pañales que yo utilizaba debido a las complicaciones que tuve, también le compraron ropa a la niña, nos ayudaron mucho, mis compañeros son una gran bendición. Dios guarde a todas y cada una de las personas que hicieron que regresara a la vida a disfrutar de mi familia, especialmente al doctor Jaime López, él es un enviado de Dios aquí en la tierra”, concluyó Claudia Patricia Rendón, quien actualmente presta sus servicios en la sede de Comfamiliar en La Virginia, Risaralda.